SI NO PODEMOS EVITAR EL CONSUMO DE ENERGÍA, ES IMPORTANTE ADQUIRIR PRODUCTOS Y APARATOS QUE SEAN EFICIENTES ENERGÉTICAMENTE. Y ESO LO EVALUAMOS A TRAVÉS DE SUS ETIQUETAS.

El uso responsable de la energía tiene que ver con el cuidado y el uso apropiado de todas las tecnologías que nos brindan un servicio energético. Es el conjunto de actividades que podemos hacer en nuestros hogares (y también en otros espacios de nuestras vidas), para reducir el consumo de energía, a través de un uso más eficaz y responsable de la misma.

Es la capacidad para obtener los mejores resultados en cualquier actividad empleando la menor cantidad posible de recursos energéticos.

La reducción de los consumos de los recursos energéticos implica directamente una disminución de gases de efecto invernadero y con ello posibles impactos ambientales asociados.

El uso eficiente de la energía es importante porque nos permite reducir el consumo de cualquier tipo de energía asociada a un artefacto o electrodoméstico prestando la misma calidad de servicio.

Entonces, un artefacto eficiente consume menos energía y contribuye al cuidado ambiental mientras que presta la misma calidad de servicio.

A través de las etiquetas de eficiencia energética, que informan sobre la cantidad de energía que consume cada electrodoméstico.

Es una herramienta que te permite conocer de manera rápida y fácil cuál es el consumo de energía de los artefactos, electrodomésticos, gasodomésticos y cuál es su nivel de eficiencia energética. Generalmente está en forma de adhesivo en un lugar visible y fácil de reconocer.

Bueno, las etiquetas ofrecen una gran cantidad de información, dividida en dos columnas.

Tienen barras con letras y colores que identifican siete Niveles de Eficiencia Energética. En el extremo superior, en color verde y con la letra A se hace referencia a los equipos más eficientes; mientras que en el extremo inferior, en color rojo y con la letra G corresponde a los electrodomésticos menos eficientes. A mayor nivel de eficiencia menor consumo de energía manteniendo la misma prestación.

Debajo de las barras, cada electrodoméstico tiene una información propia. Las heladeras indican el consumo de energía en kilovatios hora al año (kWh/ año), además del volumen dedicado a la heladera y al congelador o freezer. También se ofrecen datos respecto al nivel de ruido, medido en decibelios.

Los datos que figuran en la etiqueta se determinan mediante ensayos especificados en las normas IRAM (Instituto Argentino de Normalización y Certificación) para establecer una comparación entre los diferentes equipos y su consumo de energía.

RECOMENDACIÓN: Al momento de comprar un artefacto, en lo posible, opta por uno de clase A, de esta manera ahorrarás dinero como consecuencia de ahorrar energía. HACÉ UNA COMPRA INTELIGENTE.

Hoy, los electrodomésticos que cuentan con la etiqueta de eficiencia energética son: heladeras, freezers, lámparas, aire acondicionado, lavarropas, televisores, microondas, motores de inducción, termotanques eléctricos y a gas, calefactores por convección, calefones, lavavajillas, hornos eléctricos, ventiladores, electrobombas y módulos fotovoltaicos.

Si bien casi todos ofrecen información similar, las etiquetas varían según las características de estos equipos.

La Secretaría de Energía de la Nación lleva adelante el Programa de Calidad de Artefactos Eléctricos, que establece niveles máximos de consumo de energía (o mínimos de eficiencia energética).

PÁGINA DÓNDE APARECEN LOS EJEMPLOS DE ETIQUETAS DE CADA UNO DE LOS ARTEFACTOS (https://www.argentina.gob.ar/energia/eficiencia-energetica/etiqueta)

Eficiencia energética constructiva. Es la que tiene que ver con los códigos, normas, diseños y materiales de construcción.

Eficiencia energética bioclimática. Es la que se aplica en la construcción, teniendo en cuenta la zona climática en la cual se construye.

Eficiencia energética racional. Es la que tiene que ver con los usos, costumbres y compromiso de las personas con el cuidado de la energía, sea por cuestiones ambientales o económicas. Es la que a veces se la conoce como “buenas prácticas”. Tiene costo cero y es de inmediata aplicación.

Eficiencia energética de mercado. Es la que implica el recambio de tecnologías, reemplazando las antiguas por modernas de mayor eficiencia. También llamada “eficiencia energética tecnológica”, es la que tiene que ver con la adquisición o compra, por ejemplo, de nuevos electrodomésticos o aparatos de mayor eficiencia. Generalmente es la más simple de aplicar y es la única que suele utilizarse en las viviendas; pero también es cara y se la justifica ante el recambio de equipos o electrodomésticos, o en la inversión inicial.

Eficiencia Energética de etiquetado de viviendas. Es cuando se la aplica a un edificio o inmueble familiar y engloba a las anteriores. Todavía se encuentra en un desarrollo incipiente en el país. Está asociada a normativas estatales y a la política energética que aplica un estado nacional o provincial.

Eficiencia energética de proceso. Es empleada en la industria y tiene por fin mejorar el uso de la energía, buscando simultáneamente reducir las pérdidas de energía mediante el aprovechamiento secundario de energías disipadas, especialmente en equipos o procesos que liberan calor al ambiente, el cual puede aprovecharse para otros fines útiles.

Eficiencia energética en el uso inteligente. Es el aprovechamiento de tecnologías que contribuyen a automatizar el uso de la energía, como por ejemplo: sensores, actuadores, encendidos automáticos, Internet de las cosas.

Eficiencia energética organizacional. Es la que tiene que ver con la forma en que se organizan las actividades en una organización o institución. En especial para aquéllas que poseen complejos de edificaciones y varias sucursales e instalaciones. Depende principalmente de la política energética que aplica la alta dirección de la organización y de disponer de un sector especializado para la identificación.

Estos son sólo algunos ejemplos, podemos encontrar otros más, tales como eficiencia energética a nivel país, que implica políticas energéticas nacionales; eficiencia energética predictiva, asociada a planes de energía; eficiencia energética de gestión de la energía, etc. Esta forma de dividir las formas de abordar la eficiencia energética es útil cuando se trata de comprender que existe una batería de acciones para reducir los consumos energéticos, y que a tal efecto las organizaciones necesitan de personal especializado para alcanzar los mayores logros, las mayores reducciones de consumo.